“Cuidar también es construir condiciones para que las personas no se queden solas”

  • Publicado el: Jue, 08/10/2026 - 15:14
En el marco del Tercer Encuentro Regional por los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, se desarrolló hoy en la Sede Central de la UNLu la mesa central “Presencias que transforman: Generaciones, redes y participación de las niñeces y adolescencias”, con las exposiciones de Fabiana Carlis, Bárbara Corral y Alicia Stolkiner.

La actividad reunió a estudiantes, graduados, profesionales y trabajadores de distintas instituciones en un auditorio colmado, donde se destacó especialmente la presencia de jóvenes. A lo largo de la mañana, las intervenciones abordaron los desafíos que atraviesan las infancias y adolescencias, desde la salud mental y las transformaciones de los vínculos hasta la participación y la construcción colectiva de derechos.

La coordinación de la mesa estuvo a cargo de Fabiana Mariela Mendoza, profesora asociada de la UNLu, docente e investigadora en políticas sociales, infancias y adolescencias y directora de la Especialización en Abordajes Interdisciplinarios con Niñas, Niños, Adolescentes y Jóvenes de la Universidad.

Mendoza destacó la importancia de sostener estos espacios de reflexión colectiva en un contexto atravesado por la profundización de las desigualdades socioeconómicas, el debilitamiento de los mecanismos de protección estatal y la creciente complejidad de las problemáticas que afectan a las infancias y adolescencias. En ese escenario, invitó a “cuestionar nuestras certezas adultocéntricas y revisar las prácticas institucionales” y planteó la necesidad de superar las miradas fragmentadas para construir formas de intervención que reconozcan las singularidades de niñas, niños y adolescentes y respeten sus derechos.

Infancias y adolescencias: de destinatarios de políticas a sujetos de derechos

En su intervención, Fabiana Carlis, magíster en Trabajo Social, docente y vicedirectora decana del Departamento de Ciencias Sociales de la UNLu, celebró la realización del encuentro por tercer año consecutivo y destacó la importancia de generar espacios para hablar “no solo sobre las infancias y adolescencias, sino también con ellas”. “Como adultos, como instituciones y como sociedad nos está costando mucho escucharnos y escuchar”, advirtió.

En ese sentido, planteó la necesidad de reconocer a niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho y no únicamente como destinatarios de políticas públicas o intervenciones profesionales. “Son sujetos que producen sentidos, construyen vínculos, participan, cuestionan y transforman los espacios que habitan”, afirmó.

Entre los desafíos contemporáneos vinculados con las niñeces y adolescencias, se refirió al lugar que ocupan las tecnologías en la vida de los jóvenes y manifestó especial preocupación por el crecimiento de las apuestas en línea. Propuso no limitar el análisis a los riesgos del uso de la tecnología, sino preguntarse qué necesidades satisfacen estas prácticas, qué vínculos reemplazan o complementan y qué posibilidades ofrecen o restringen.

Finalmente, hizo hincapié en que las respuestas a los problemas de salud mental no pueden quedar exclusivamente en manos de los profesionales especializados. También requieren escuelas capaces de detectar el sufrimiento, familias que puedan escuchar y comunidades que construyan redes de acompañamiento.

“Cuidar no es solamente intervenir cuando aparece un daño. Cuidar también es construir condiciones para que las personas no se queden solas”, expresó, en una de las ideas que sintetizó su intervención.

Uno de cada seis adolescentes no tiene un adulto a quien acudir

Bárbara Corral, licenciada en Psicología y directora de Niñez, Adolescencia y Familia del Municipio de Luján, presentó los resultados de una encuesta realizada desde el área municipal, en articulación con escuelas públicas y privadas de la localidad.

El relevamiento, que reunió las respuestas anónimas de 833 adolescentes de entre 12 y 18 años, buscó conocer sus experiencias, preocupaciones y necesidades a partir de sus propias voces.

Entre los resultados, Corral destacó un dato preocupante: el 17,6% de los encuestados manifestó no contar con ninguna persona adulta a quien acudir cuando tiene un problema. La familia apareció como el principal espacio de referencia, mientras que la escuela también ocupó un lugar importante en la búsqueda de acompañamiento y escucha.

La encuesta permitió identificar, además, diferencias entre varones y mujeres en la percepción de seguridad y confianza personal, así como experiencias vinculadas con la discriminación y las violencias. Otro de los aspectos que llamó la atención fue el uso del teléfono celular, señalado por los adolescentes como la práctica en la que más frecuentemente habían sentido perder el control.

Sin embargo, algunas de las respuestas más significativas surgieron cuando se les preguntó qué necesitaban de las personas adultas. Más de la mitad expresó que quería ser escuchada sin ser juzgada, mientras que un 33% manifestó necesitar afecto o un abrazo.

Al consultarles qué cambios consideraban más urgentes, la necesidad de escucha y comprensión volvió a aparecer con fuerza. Entre las respuestas abiertas se reiteraron pedidos de mayor acompañamiento, respeto y atención a sus problemas, así como de reducción de las situaciones de violencia y discriminación.

“Que los adultos escuchen más”, “que nos tomen más en cuenta” y “que no hagan de cuenta que no pasa nada” fueron algunas de las expresiones recuperadas durante la presentación, que pusieron en palabras las demandas de quienes participaron del relevamiento.

Una mirada colectiva sobre la salud mental y los derechos

La especialista Alicia Stolkiner, licenciada en Psicología y referente del campo de la salud mental y comunitaria, retomó los resultados de la encuesta realizada a adolescentes de Luján y propuso utilizar esa información como punto de partida para generar talleres y espacios de debate con los propios jóvenes.

Durante su exposición, Stolkiner también cuestionó la tendencia a convertir los diagnósticos de salud mental en etiquetas que definen la identidad de las personas. Sin desconocer la importancia que pueden tener los diagnósticos psicopatológicos, sostuvo que no todo sufrimiento psíquico responde a una patología y que es necesario comprenderlo en relación con las condiciones de vida y los vínculos sociales.

Por otra parte, advirtió sobre la creciente demanda de atención y la sobrecarga de los servicios de salud mental, tanto públicos como privados, en un contexto de debilitamiento de las instituciones y de las redes de protección social.

Otro de los ejes de su intervención fue la violencia. La especialista propuso distinguir entre agresividad, violencia y crueldad y alertó sobre los discursos que deshumanizan a determinados sectores de la sociedad y presentan a algunas personas como descartables. También reflexionó sobre el riesgo de naturalizar el disfrute del sufrimiento ajeno y de responder a la violencia con más violencia.

Stolkiner dedicó parte de su exposición a recuperar la construcción histórica de los derechos y los avances alcanzados a través de la organización colectiva. Recordó las transformaciones en materia de derechos de las mujeres, salud mental y discapacidad, y advirtió sobre la necesidad de defender esas conquistas frente a posibles retrocesos.

En relación con la producción de conocimiento, reivindicó el trabajo interdisciplinario y la importancia de incorporar los saberes que surgen de las prácticas sociales, los servicios de salud y las comunidades. “Las prácticas comunitarias producen conocimiento, producen saberes y esos saberes tienen que ser incorporados también”, afirmó, al plantear la necesidad de que estos conocimientos interpelen al saber científico.

Hacia el final, volvió sobre la importancia de recuperar los vínculos y las experiencias colectivas frente al aislamiento y el deterioro de las relaciones sociales. En ese sentido, destacó el valor de encontrarse y compartir experiencias que trasciendan el intercambio académico: “Estar acá no es estar únicamente compartiendo un conocimiento, es estar compartiendo un espacio que tiene que dejar una huella después”.

Las reflexiones compartidas durante la mesa central reafirmaron la importancia de construir respuestas colectivas frente a problemáticas que requieren abordajes interdisciplinarios e interinstitucionales. En un contexto de dificultades presupuestarias para las universidades públicas, el encuentro también permitió reivindicar su papel en la producción de conocimiento y su vinculación con la comunidad. Una tarea que se fortalece a través del trabajo articulado con el Municipio y las organizaciones de la región, y que resulta fundamental para avanzar en la promoción y protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.